Testimonio de Ana Pazmiño

Mi nombre es A.P. y escribo desde la ciudad de Ambato, Ecuador. Hace tres años, mi vida estaba sumergida en una oscuridad profunda debido al bullying y el acoso constante en mi antiguo colegio.

Cada mañana, el pánico se apoderaba de mí. Me sentía profundamente sola, atrapada en un silencio que no me atrevía a romper, ni siquiera con mis padres.

El conflicto escaló cuando me negué a entregar mis ahorros. Aquella negativa desató una ola de agresiones: compañeros que me lastimaban físicamente y un estudiante mayor que me acosaba, intentando vulnerar mi integridad.

En medio del dolor, empecé a lastimarme a mí misma, buscando una salida al sufrimiento. Pero justo en el momento más crítico, sentí un impulso sobrenatural en mi corazón que me decía: «No puedes callar más».

Comprendí que esa corazonada era la voz de Dios. Él estaba allí, sosteniendo mi mano y dándome la valentía que me faltaba. Gracias a Su fuerza, pude hablar con mis padres.

Hoy, la tristeza ha quedado atrás. Soy una niña feliz, libre de temor. He aprendido que, ante cualquier problema, mi fe en Dios y la confianza en mi familia son el refugio más seguro.

«Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?» — Salmos 27:1

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