«Más allá del diagnóstico: El Dios de nuestra provisión»
Tras visitar a numerosos especialistas, la respuesta era siempre la misma: «Ya no hay nada que hacer».
Aquellas palabras intentaron apagar nuestra esperanza, pero nuestra confianza estaba puesta en un Dios que tiene la última palabra.
A pesar de los desafíos, iniciamos un largo recorrido de doctor en doctor. Fue un camino costoso, pero la mano de Dios nunca nos soltó.
Él nos bendijo con el trabajo y los recursos necesarios de forma milagrosa. El dinero jamás faltó cuando más lo necesitábamos.
Sin embargo, enfrentamos una prueba mayor: un tratamiento fallido le provocó a mi padre una grave infección. El dolor y el sufrimiento eran constantes.
El 15 de agosto, entre lágrimas y fe, iniciamos un nuevo proceso en Quito. Tras estudios y una compleja cirugía, el milagro comenzó a ocurrir.
Hoy, dos meses después, mi padre se recupera favorablemente en casa. Dios nos sostuvo cuando él no podía trabajar, demostrando que Él es nuestro Proveedor y Sanador.
“Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; suavizarás su cama en su enfermedad.” — Salmos 41:3


