Testimonio de Anaiah Vásconez

Mi nombre es Danet Anaiah Vasconez Vela. Nací el 17 de junio de 2010 en Ambato, Ecuador, en el seno de una hermosa familia de cinco integrantes: mis padres, Juan y Sol, y mis hermanos, Juan Daniel y Olivia. Aunque nunca crecimos con riquezas materiales, el amor incondicional y la unidad familiar siempre fueron nuestro mayor tesoro.

Todo cambió drásticamente cuando tenía apenas cinco años. Aquella semana, un primer ataque epiléptico sacudió por completo a mi familia, sumergiéndonos en una búsqueda desesperada de respuestas.

Dios guio a mis padres hacia el Centro de Enfermedades Neurológicas de Niños y Adolescentes (CENNA), donde el Dr. Nicolai Astudillo disipó nuestros temores con un diagnóstico definitivo: tenía epilepsia.

A partir de ese momento, nuestra rutina cambió. Debía evitar las luces estroboscópicas, limitar las pantallas y dormir temprano. El costo de la medicación diaria era sumamente alto para nuestra economía, pero presenciamos un hermoso milagro de provisión: nuestra iglesia, amigos y familiares se unieron en oración y apoyo económico para que nunca me faltara el tratamiento.

Con la llegada de la pandemia en 2020, los desafíos aumentaron. Mi medicación cambió a pastillas más costosas y mis padres tuvieron que endeudarse para asegurar mi tratamiento durante el encierro. El aislamiento me pasó factura, y a los 9 años comencé a sufrir de estrés y una profunda ansiedad.

Sin embargo, en medio de la crisis, Dios nos envió un bálsamo: un hermoso perrito Boyero de Berna que trajo nueva esperanza y alegría a nuestro hogar. Tras el confinamiento, mis padres tomaron la sabia decisión de educarnos en casa (homeschool), dándonos un respiro necesario.

El regreso a las clases presenciales trajo consigo nuevas batallas. El entorno escolar había cambiado; sufrí de exclusión, rechazo y un doloroso episodio de bullying junto a agresiones verbales y físicas por parte de personas que consideraba amigas. Me dolía el alma y ya no quería asistir al colegio.

Pero Dios, en su justicia, intervino: el agresor fue expulsado y esa tormenta pasó. Aunque los años siguientes en noveno y décimo de básica tuvieron altibajos y falsas amistades, el Señor nunca soltó mi mano.

Hace poco recibí un diagnóstico de ansiedad post-depresión. Sin embargo, sé que este diagnóstico no define mi futuro ni me va a detener. Hoy camino con la frente en alto y una sonrisa en el rostro.

Miro a mi alrededor y desbordo gratitud: tengo una familia unida que me ama, mis padres tienen sustento, mis hermanos están orgullosos de mí y he encontrado verdaderos amigos. Ya no me siento una carga para nadie.

Sé con absoluta certeza que el Creador del universo está y estará siempre a mi lado, guiando cada uno de mis pasos.

«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.» — Josué 1:9

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