Testimonio de Ana Cobo

La fidelidad de Dios no se mide solo en las grandes victorias, sino en la bendición diaria de tener a mi familia unida. Ver a mis padres juntos y con salud, y compartir cada día con mis hermanas, es un regalo que atesoro profundamente.

Después de atravesar una pandemia que golpeó a tantos hogares, reconozco que estar vivos hoy es un milagro de Su misericordia. Dios nos ha guardado de todo peligro y de la maldad de estos tiempos difíciles.

Uno de los momentos donde sentí Su cuidado personal fue cuando enfrenté un fuerte dolor abdominal. El diagnóstico médico apuntaba a una apendicitis inminente y a una cirugía de urgencia.

Sin embargo, tras la oración y nuevos exámenes, los médicos confirmaron que no era necesario operar. Dios intervino, me sanó y hoy me encuentro completamente recuperada.

Estoy convencida de que Dios tiene un propósito especial con mi vida. Su bondad es constante; Él nunca me abandona y Su amor por nosotros es, sencillamente, eterno.

«Eben-ezer: Hasta aquí nos ayudó Jehová.» — 1 Samuel 7:12

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