Testimonio de Pablo Acurio

El año 2021 nos enfrentamos a una de las pruebas más duras como familia. En plena pandemia, una llamada a las dos de la mañana fragmentó nuestra tranquilidad: mi abuelito había sido internado por COVID-19.

Él era el pilar de nuestro hogar, alguien profundamente amado, y la noticia nos devastó. Durante una semana mantuvimos la esperanza al verlo estable, y rogué con todas mis fuerzas por su salud.

Sin embargo, los planes de Dios eran distintos y mi abuelito falleció. El dolor me dejó completamente desbordado, pero fue en ese instante de máxima oscuridad donde Dios obró un milagro inesperado.

Familiares que llevaban años distantes acudieron al funeral. No solo pudimos darle una despedida digna en su pueblo natal, sino que sus hermanos brindaron un apoyo económico crucial para mi abuela.

A veces no comprendemos cómo trabaja el Señor, pero hoy sé que Él transforma el dolor en propósito y siempre busca lo mejor para nosotros.

«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.» — Jeremías 29:11

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