En mi vida, Dios siempre ha estado presente. Aunque soy consciente de que a veces me cuesta buscarle con la constancia que desearía, mi fe en Él y en su venida es inquebrantable.
Para mí, la relación con el Creador va más allá de asistir a un templo; se basa en vivir los valores y las enseñanzas de Jesús, intentando comprender su palabra en el día a día.
A menudo me he descubierto acudiendo a Dios solo en momentos de necesidad, con peticiones que a mis propios ojos parecían egoístas. Por mucho tiempo me cuestioné por qué algunas oraciones no se cumplían de la forma en que yo esperaba. Hoy entiendo que solo Dios sabe lo que es mejor para mí.
Hace poco enfrenté una ruptura amorosa que me causó un dolor profundo. Sin embargo, en medio del quebranto, he sentido una certeza en el corazón: Dios tiene un propósito perfecto para permitir esto en mi vida. Aunque la herida aún sana, sé que con su ayuda diaria estoy saliendo adelante, más fuerte y más cerca de Él.
«Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.» — Proverbios 3:5-6


